GPS Senderismo Familiar Costa del Sol

12 septiembre 2011

Puesta de Sol en el Faro de Trafalgar, Caños de Meca.

Playa de la Hierbabuena de Barbate
Caños de Meca
Sendero del Acantilado
Puesta de Sol en el Faro de Trafalgar con Rayo Verde incluido
Ataque feroz  del 5º regimiento del ejército de La Breña, mundialmente conocidos por su crueldad como "Los Lanceros de los Caños"

En ocasiones, sucede, que una ruta que la tienes pateada varias veces y crees conocer todas sus posibilidades, te ofrece nuevos caminos, nuevos paisajes, nuevas experiencias, nada más que juntando las líneas rojas de un GPS y el ánimo de seguirlas hasta donde te lleven.

Y así fue en esta ocasión, caminamos desde la Playa de la Hierbabuena de Barbate siguiendo primero un pequeño y desconocido sendero que recorre los acantilados del Parque Natural de La Breña para continuar después por el camino principal del llamado Sendero del Acantilado y  bajar a la localidad de los Caños de Meca una vez repuestas las fuerzas adecuadamente en la Torre del Tajo con provisiones oportunas y con la debida hidratación..

Desde los Caños de Meca caminamos por la pequeña carretera de servicio hasta el Faro de Trafalgar donde llegamos justo a tiempo para contemplar la despedida del Sol. Diego Martín pudo grabar un vídeo donde, en los últimos segundos del ocaso solar, se puede ver un Rayo Verde y un extraño reflejo: vídeo.

Regresamos por la parte alta del Parque Natural de La Breña, no sin antes librar una dura batalla con una horda sanguinaria de mosquitos lanceros y pulgas ninya del 5º regimiento del ejército de La Breña, a duras penas conseguimos salir vivos del encuentro, por momentos, la nube de atacantes vampíricos que revoloteaban a nuestro alrededor era tal que apenas podíamos ver las luces de los  frontales de los que caminaban a nuestro lado, difícilmente podíamos respirar sin tragarnos una decena de lanceros kamikazes, a tientas, tosiendo, escupiendo cadáveres desgajados a mordiscos, como pudimos, extenuados, llegamos a los coches sobre las 2 de la madrugada del domingo, nos metimos a toda prisa en ellos, arrancamos y huimos del lugar  metiendo la primera velocidad y apretando a fondo el acelerador,  ¡fue una experiencia sobrecogedora!. 




En algunos tramos del pequeño y desconocido sendero, el camino ser tornaba un "pelín" peligroso


Reponiendo fuerzas en la Torre del Tajo con mojama de atún de Barbate y vino de Villalba (Huelva), ¡productos andaluces!

Al fondo, la Torre del Tajo

Espectaculares los acantilados





Perdidos:


Al fondo, a la izquierda, el Faro de Trafalgar, nuestro destino

Atravesando una duna de arena

¡Cumbre!, llegamos al Faro de Trafalgar

Despidiendo al Sol: adiós amigo, te esperamos mañana por el Este sobre la misma hora de hoy


El Faro de Trafalgar, construido en 1.860, y la Luna apareciendo por el Este justo a tiempo para despedirse también del Sol

Así nos dejaron los temibles y sanguinarios mosquitos y pulgas de La Breña (mostramos solo la zona menos dañada, el resto, piel lacerada y sanguinolenta,  podría herir la sensibilidad de algún lector, suponiendo que los hubiere, claro está)

Otra vez perdidos:

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Caños de Meca: Sendero del Acantilado






GPS Senderismo Familiar

Barbate - Caños de Meca
Hacía ya algún tiempo que estaba en nuestros planes hacer esta ruta por el Parque Natural de La Breña y Marismas de Barbate. Pues bien, sin posponerla más tiempo, este sábado pasado, poco después del mediodía, nos dimos cita un nutrido grupo de personas venidas de distintos puntos de Málaga: Ani, Paco, Óscar, Pablo y Sancho (aunque es un pastor alemán, tiene casi rasgos de persona); Mª José, Rafa y Alejandro; Isabel, Diego y Cristina; Maite y Pepe.

La ruta incluye unos espectaculares acantilados, arena fina, bosques de pinos, dunas, torres almenaras y unas vistas impresionantes sobre el Atlántico, la costa gaditana y África. Está enclavada en el espacio natural protegido más pequeño de Andalucía — 2.597 hectáreas. Parece ser que, pese a la sequedad de la superficie, el subsuelo está horadado por canales subterráneos que vierten sus aguas por caños o manantiales hacia los acantilados atlánticos (de ahí el nombre del pueblo, Caños de Meca). Es un bonito paseo a través de un sendero que discurre paralelo a la playa, y el itinerario es normalmente fácil, de unos 6 kms. de trazado lineal en el que se invierten algo más de tres horas.

Pero nadie sospechaba que este fácil paseo iba a convertirse en una dura prueba de resistencia y adversidades. Empezamos a andar sobre la una; en pleno mes de Julio y con el sol cayendo a plomo en estas horas centrales del día, fue el primero de los avisos de que algo podría ir mal. A la hora de acompañar a mis amigos desde el inicio del sendero, mis ya típicos problemas y lesiones de espalda, me obligan a dar media vuelta y hacer de coche “escoba”, es decir, ir de Barbate a Caños de Meca y recoger a los miembros más cansados o llevar a los conductores de vuelta a Barbate para recoger los coches.

Mientras, los demás continúan la marcha. Coronado el primer trecho se encuentra un molino abandonado, levantado a principios del siglo XX para aprovechar el agua dulce de los caños. Doscientos metros después se halla una casa derruida, la vieja vivienda de los molineros, junto a unos puestos abandonados para la vigilancia de la costa. El camino continúa su ascenso, aunque es prácticamente inapreciable por la suavidad del terreno y por el paisaje que desde él se contempla. A la izquierda quedan los barrancos y desfiladeros, los afilados acantilados cuya caída libre oscila entre los setenta y cien metros de altura. A la derecha se extiende el infinito pinar. Más adelante se divisa la Torre del Tajo, el emblema histórico del parque natural; es un torreón restaurado, desde cuyas almenas se otearon entre los siglos XVI y XVIII los confines marinos. En este punto se hace la pausa para comer.

Un pequeño paseo conduce hasta un mirador al borde del acantilado, no apto para los que padecen vértigo, pero sí para los amantes del paisaje más puro y descomunal. En días claros se puede ver la costa marroquí, desde Tánger al Yebel Musa; a la izquierda el cabo y faro de Trafalgar, y a la derecha la bahía de Zahara de los Atunes.

La imponente altura de los acantilados ha inspirado leyendas de amantes despechados o de barcos encallados entre las afiladas rocas del fondo, cuyos espíritus aún vagan por la noche estrellada de Barbate.
Camino ya de Caños de Meca en suave bajada, asoma el mítico Cabo de Trafalgar, testigo de la legendaria batalla que enfrentó en 1805 a las tropas inglesas, capitaneadas por Nelson, contra los barcos de la alianza franco-española.

Llegados al final de la ruta en Caños de Meca, nos damos un merecido refrigerio en forma de baños y chapuzones en la playa — hay que reconocer que las playas, arenas y aguas del Atlántico tienen algo especial.

Después del descanso y del remojón, se reúne el consejo para decidir cuáles serían nuestros siguientes pasos. Se propone visitar el Cabo de Trafalgar. Pero a partir de aquí nos acontecieron una cadena de errores y mala suerte, que pusieron una nota de aventura a lo que en principio iba a ser un día tranquilo:
1- Por un lado el grupo se dispersa; unos van por la playa y otros por la carretera (esto me recuerda a la derrota de la batalla de Trafalgar, ante la descoordinación de las naves hispano-francesas).
2- No llevan agua; el calor aprieta.
3- La distancia hasta el cabo es engañosa; hay más de una hora y las huestes están gravemente mermadas por el calor y la falta de hidratación.
4- El coche – en el que yo tenía que recogerlos en el cabo–­ se avería. Tengo que llamar a la grúa… Se prevé una dura vuelta de más de tres horas hasta Barbate. Después de varios intentos –pues la mayoría habían dejado la mochila en el coche –, consigo hablar con Diego por teléfono, y comunicarle la situación, que es bastante complicada.


Finalmente todo se arregla. Se consigue, no sin dificultad, reagrupar a los miembros, y la grúa consigue arrancar el coche. A medio camino entre los Caños y el cabo, contacto con el grupo (bastante fatigado y sediento), y llevo a los conductores a recoger los coches en Barbate.

Decir, por último, que junto a la playa de Trafalgar se pudo ver una tortuga gigante muerta, quién sabe si presa de las redes de algún barco, de las corrientes, o tal vez de la contaminación.

Fue una jornada inolvidable donde se aunaron senderismo, turismo, “actividades acuáticas” y convivencia.

Pepe León


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