GPS Senderismo Familiar Costa del Sol

03 julio 2007

Caños de Meca: Sendero del Acantilado






GPS Senderismo Familiar

Barbate - Caños de Meca
Hacía ya algún tiempo que estaba en nuestros planes hacer esta ruta por el Parque Natural de La Breña y Marismas de Barbate. Pues bien, sin posponerla más tiempo, este sábado pasado, poco después del mediodía, nos dimos cita un nutrido grupo de personas venidas de distintos puntos de Málaga: Ani, Paco, Óscar, Pablo y Sancho (aunque es un pastor alemán, tiene casi rasgos de persona); Mª José, Rafa y Alejandro; Isabel, Diego y Cristina; Maite y Pepe.

La ruta incluye unos espectaculares acantilados, arena fina, bosques de pinos, dunas, torres almenaras y unas vistas impresionantes sobre el Atlántico, la costa gaditana y África. Está enclavada en el espacio natural protegido más pequeño de Andalucía — 2.597 hectáreas. Parece ser que, pese a la sequedad de la superficie, el subsuelo está horadado por canales subterráneos que vierten sus aguas por caños o manantiales hacia los acantilados atlánticos (de ahí el nombre del pueblo, Caños de Meca). Es un bonito paseo a través de un sendero que discurre paralelo a la playa, y el itinerario es normalmente fácil, de unos 6 kms. de trazado lineal en el que se invierten algo más de tres horas.

Pero nadie sospechaba que este fácil paseo iba a convertirse en una dura prueba de resistencia y adversidades. Empezamos a andar sobre la una; en pleno mes de Julio y con el sol cayendo a plomo en estas horas centrales del día, fue el primero de los avisos de que algo podría ir mal. A la hora de acompañar a mis amigos desde el inicio del sendero, mis ya típicos problemas y lesiones de espalda, me obligan a dar media vuelta y hacer de coche “escoba”, es decir, ir de Barbate a Caños de Meca y recoger a los miembros más cansados o llevar a los conductores de vuelta a Barbate para recoger los coches.

Mientras, los demás continúan la marcha. Coronado el primer trecho se encuentra un molino abandonado, levantado a principios del siglo XX para aprovechar el agua dulce de los caños. Doscientos metros después se halla una casa derruida, la vieja vivienda de los molineros, junto a unos puestos abandonados para la vigilancia de la costa. El camino continúa su ascenso, aunque es prácticamente inapreciable por la suavidad del terreno y por el paisaje que desde él se contempla. A la izquierda quedan los barrancos y desfiladeros, los afilados acantilados cuya caída libre oscila entre los setenta y cien metros de altura. A la derecha se extiende el infinito pinar. Más adelante se divisa la Torre del Tajo, el emblema histórico del parque natural; es un torreón restaurado, desde cuyas almenas se otearon entre los siglos XVI y XVIII los confines marinos. En este punto se hace la pausa para comer.

Un pequeño paseo conduce hasta un mirador al borde del acantilado, no apto para los que padecen vértigo, pero sí para los amantes del paisaje más puro y descomunal. En días claros se puede ver la costa marroquí, desde Tánger al Yebel Musa; a la izquierda el cabo y faro de Trafalgar, y a la derecha la bahía de Zahara de los Atunes.

La imponente altura de los acantilados ha inspirado leyendas de amantes despechados o de barcos encallados entre las afiladas rocas del fondo, cuyos espíritus aún vagan por la noche estrellada de Barbate.
Camino ya de Caños de Meca en suave bajada, asoma el mítico Cabo de Trafalgar, testigo de la legendaria batalla que enfrentó en 1805 a las tropas inglesas, capitaneadas por Nelson, contra los barcos de la alianza franco-española.

Llegados al final de la ruta en Caños de Meca, nos damos un merecido refrigerio en forma de baños y chapuzones en la playa — hay que reconocer que las playas, arenas y aguas del Atlántico tienen algo especial.

Después del descanso y del remojón, se reúne el consejo para decidir cuáles serían nuestros siguientes pasos. Se propone visitar el Cabo de Trafalgar. Pero a partir de aquí nos acontecieron una cadena de errores y mala suerte, que pusieron una nota de aventura a lo que en principio iba a ser un día tranquilo:
1- Por un lado el grupo se dispersa; unos van por la playa y otros por la carretera (esto me recuerda a la derrota de la batalla de Trafalgar, ante la descoordinación de las naves hispano-francesas).
2- No llevan agua; el calor aprieta.
3- La distancia hasta el cabo es engañosa; hay más de una hora y las huestes están gravemente mermadas por el calor y la falta de hidratación.
4- El coche – en el que yo tenía que recogerlos en el cabo–­ se avería. Tengo que llamar a la grúa… Se prevé una dura vuelta de más de tres horas hasta Barbate. Después de varios intentos –pues la mayoría habían dejado la mochila en el coche –, consigo hablar con Diego por teléfono, y comunicarle la situación, que es bastante complicada.


Finalmente todo se arregla. Se consigue, no sin dificultad, reagrupar a los miembros, y la grúa consigue arrancar el coche. A medio camino entre los Caños y el cabo, contacto con el grupo (bastante fatigado y sediento), y llevo a los conductores a recoger los coches en Barbate.

Decir, por último, que junto a la playa de Trafalgar se pudo ver una tortuga gigante muerta, quién sabe si presa de las redes de algún barco, de las corrientes, o tal vez de la contaminación.

Fue una jornada inolvidable donde se aunaron senderismo, turismo, “actividades acuáticas” y convivencia.

Pepe León


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